miércoles, 18 de febrero de 2009

Gregorio Reynolds 1882/1948





Gregorio Reynolds (Sucre, 1882 - La Paz, 1948) Poeta boliviano. Tras los cursos de primaria y secundaria, estudió en el seminario de su ciudad natal. Doctor en Letras, fue rector y doctor "Honoris causa" de la Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca; cónsul en Jujuy (Argentina) y encargado de Negocios en Brasil. Publicó muchas de sus composiciones en La Mañana, de La Paz.

Se le coloca habitualmente entre los tres grandes poetas modernistas de su país (con Jaimes Freyre y Franz Tamayo)Se dio a conocer al ser premiada su composición El mendigo en los juegos florales organizados por el Círculo de Bellas Artes de La Paz en 1913. Es un maestro del soneto y este hecho quizás nos ayude a comprender, tras lo dicho anteriormente, la valoración lírica de Reynolds. Cien sonetos contiene El cofre de Psiquis, donde se encuentra quizás lo mejor de la producción del autor del bello soneto La Llama; mantiene su altura en Horas Turbias y en Prismas (1937), para lanzarse hacia abajo en busca de preciosismo y superabundancia formal en Arco Iris, Beni e Illimani.




DEL LIBRO
EL COFRE DE PSIQUIS



LA LLAMA



Inalterable, por la tierra avara
del altiplano, luce la mesura
de su indolente paso y su apostura
la sobria compañera del aymara.

Parece, cuando lánguida se para
y mira la aridez de la llanura,
que en sus grandes pupilas la amargura
el erial horizonte se estancara.

O erguida la cerviz al sol que muere,
y de hinojos, oyendo el miserere
pavoroso del viento de la puna,

espera que del ara de la nieve
el sacerdote inmaterial eleve
la eucarística forma de la luna



CRONOS



Viejo reloj de cuco del estante,
al oírle evoqué mi tarambana
vida de niño, tanto más cercana
en el recuerdo, cuanto más distante.

Amenguó mi sufrir perseverante
y distrajo la murria cotidiana
ese viejo reloj de filigrana
que para siempre se paró un instante.

¡Oh, pulsación del tiempo! Sus latidos
no me hablarán ya más de los floridos
días de ayer. Mi corazón desea,

Péndulo del dolor, -aciaga suerte-,
que el ritmo arcano de mi sangre sea
detenido de pronto por la muerte.



Panteísmo



Yo quiero de tus lagrimas el póstumo tributo,
en gracia de lo mucho que por tu amor sufrí,
el día en que siguiéndome con paso irresoluto,
al campo santo vayas para volver sin mí.

Al convertirme en árbol, te ofreceré mi fruto.
será mientras exista mi sombra para ti...
después, cuando a mi vera, cual mármol impoluto
reposes, mis raíces han de abrazarte allí.

Bajo mi savia -¡oh virgen!- tu carne toda en germen,
ha de surgir de nuevo con todos los que duermen
en subterráneo génesis el sueño vegetal...

Y al envolver mi tronco tu floreciente traje,
arriba, luminosas, en el etéreo viaje,
daránse nuestras almas el beso sideral.



A UN CADÁVER



“Todos morir habemos. Hasta mañana hermano”
musita el Egoísmo. Le comprendes quizás…
Cruza tus manos rígidas sobre el signo cristiano,
Y transido de miedo, se te pone detrás.

Y con rumbo a la fosa, bostezo del arcano
que pronto ha d cerrarse para siempre jamás,
con rumbo al tenebroso dominio del gusano,
adonde iremos todos, con otros pies te vas.

Tu sangre corrompida –la vida está en la muerte,
en el crisol enorme que todo lo convierte-
será purificada debajo de una cruz.

Nutrirá las raigambres del rosal y la encina,
y luego, en las alturas, en conjunción divina,
será efluvio tu carne y tu espíritu luz.



E L E N V I D I O S O


Es el áspid del odio, repulsivo,
porque lo grande de la vida ajena
va gravitando en él como una pena
que enturbia en bilis su mirar furtivo.

Rencoroso, se ensaña sin motivo
en la reputación del que envenena.
Tiene el feroz instinto de una hiena
y la torva humildad de un perro esquivo.

Felón, rehuye toda franca lidia;
si está frente a su víctima, la alaba
en frases que son dardos de perfidia;

para herir mansalva, va de hinojos,
eludiendo el mirar, porque su baba
le sube amargamente hasta los ojos.



C O N F O R M I D A D



Sin razón y sin rumbo, lleve mi andar
de anhelos desdeñados, por eso estoy
cansado del camino por el que voy
y sin saber adónde podré arribar.

Para sudario tengo –pobre juglar-
harapos de oropeles de ensueños… Hoy,
sin fúnebres guirnaldas y sin convoy,
quisiera que me lleven a descansar.

Tesoros de utopías mi alma sonámbula
ha entregado a la vida, vieja funámbula
que me ha ganado al juego mi corazón.

Y por eso a la vera de este sendero,
maltrecho y resignado la muerte espero.
¿No será la suprema desilusión?




DEL LIBRO
DE ANTIFAZ





TO BE OR NOT TO BE


I


Esta mansión de la demensia insomne,
este castillo de Elsinor tan tétrico,
y el cadáver de Ofelia entre dos aguas,
flotando como un loto del ensueño,
son fuerzas integrantes contrapuestas:
la vida y la ilusión: humano nexo.


La vida es noria que no va arrastrando
en su girar perpetuo,
y la ilusión refugio del espíritu,
celeste alcázar para el arte excelso.


Somos urgencias corporales
en corporales ajetreos,
y neuronas: finísimas antenas
para captar la voz del universo.


¡Esta vida tan dura,
con tantas muertes dentro;
cariños, esperanzas, inquietudes
entre tantos despojos del recuerdo,
flores, marchitas flores,
amores que pasaron con el ciento!


Esta vida interior tan opresora,
tan escondida y sin objeto!


II


En altas horas de la noche,
con qué grave recato en torno nuestro
se van acumulando los fantasmas
de los dominios del misterio.
Está vibrando, está vibrando
La arcanidad en el silencio:
Tic-tac de los relojes y del pulso,
monotonía de seguir corriendo
circularmente hasta pararse
de súbito en el centro.


Nos va atrapando hasta el martirio
la pegajosa nébula del tedio,
esa tela de araña sutilmente
formada como el velo
de Penélope –ausencia- en su constante
tejer y destejer, tejer de nuevo.
Continuo, taladrante, irresistible,
penetra hasta los sesos
ese diabólico tornillo
del mismo pensamiento.
La idea fija inexorablemente
se incrusta en el cerebro.


Las altas horas de la noche pasan
sobrellevadas con el miedo
de quedarnos dormidos soportando
la pesadumbre de los malos sueños:
estrechas perspectivas de suburbio,
paisajes solitarios, plúmbeos cielos,
ríos de aceite diáfano,
anchos y tibios, hondamente quietos.
Aparición insólita y siniestra
de seres mudos, torvos, impertérritos,
que nos aterran y fascinan
tan sólo con su aspecto:
la sensación de angustia en la inminencia
del estrangulamiento,
y el intentar zafarse del peligro
y no poder mover siquiera un dedo,
y no poder gritar, y la pavura
que debe de sentir el cataléptico
al congelarse en el espanto
la crispatura del cabello…
Y la espada de luz de la alborada
que decapita al monstruo del desvelo:
la luz, la luz del solo que nos libera
del opresor aliento.
¡Ah las sufridas, insufribles horas
de calofrío y bostezo!



III



Está en nosotros Hamlet, taciturno
frente al enigma eterno.
mirándonos sardónico
bajo su adusto ceño,
Nos dice: -“?Qué es el ser pensante?
Alma y materia en triste contubernio.
Las que hoy son reflexión y disciplina,
pasión e instinto en el antaño fueron:
pasión e instinto desbocados
hasta romper el freno.
cinco sentidos ya insensibles casi
para darle sentido al sentimiento.


-“¿El corazón? Motor a sangre viva,
motor y también péndulo
que toma su vaivén de la infinita
palpitación del tiempo,
y se acelera a ratos en febriles
girándulas de fuego:
la existencia mordida por minutos,
insaciables ratones del evento.


-“¿La humanidad? Farándula en desgonce:
grotesca zarabanda de muñecos.”


-“¿La historia? Aberraciones y ambiciones
en recular funesto:
la caverna escondida en las metrópolis;
en prímate a través de los milenios;
el pasado, el presente y el futuro,
iguales más o menos.
Empedernida, empecinadamente,
Se sigue el mal ejemplo.”


-“¿Y la belleza de las formas
corporizada en Venus?
Belleza, pudridero sostenido
Por armazón de huesos.”


IV



¡Ah el apagado paso de los días,
iguales todos, todos lentos,
y el esperar, en vano, alguna cosa
que deseamos tener y no podemos.


El recibir las horas recontándolas,
y el verlas irse luego,
sin que nunca nos dejen nada, nada
que pueda complacernos.


El tener bajo el cráneo llamaradas,
y sobre el cráneo prematuro hielo.
Vivir con la sonrisa a flor de labios
Y estar llorando corazón adentro.


Y este dolor del alma, que aniquila
más que un dolor latente y sin remedio!


Vamos así muriendo poco a poco,
vamos, así, sufriendo,
saturados de hastío y aguardando
el perennal sosiego.
¿Será sosiego acaso?
¿Será, por suerte, el término?


Mundo, demonio y carne,
La trilogía del pecado. Es eso,
Eso la vida, el esencial problema:
¿Ser o no ser? No ser y seguir siendo.
……………………………………

¡Esta vida tan dura y tan querida!
No hay otra. ¡Qué tormento!



DEL LIBRO
ETERNO FEMENINO



MENTA



En el viejo sofá
de terciopelo verde,
lloras por algo que has perdido
para siempre.


Desde afuera la luna crispa un gesto
de burla, triste y verde.


En un tosco jarrón desportillado,
llenas de tedio mueren
algunas flores. Todavía
las hojas están verdes.


De la esmeralda de tu anillo
saltan reflejos verdes:
fosforescencia de luciérnagas
de un tremedal con hálito de peste.


El hielo que ha quedado en las copitas
se ha teñido de verde.


Un distante violín de radio raspa
una sonata verde
que estira en trémolos de angustia
sus rechinantes erres.


Hasta sus ojos –selva, mar, cielo de ocaso–
verdes,
están como escarchados de veneno
de serpiente.


La cara de Clown de la luna
Tras las nubes, de pronto, se pierde.

Cual en los versos lánguidos
del cojo sátiro celeste,
la lluvia va tras los cristales
de la ventana verdes,
tejiendo –araña del fastidio
su interminable velo leve.


Te hallas tan cerca a mi; tan cerca te hallas,
que te siento muy lejos, casi ausente.


Ya para mí –¡qué cosa horrenda! –
ya para mí no eres
lo que hasta poco rato fuiste:
la primavera verde;
la ilusión, la esperanza, el amor férvido
y el pregusto del máximo deleite
sino la decepción irremediable,
la fruta verde
que destempla los nervios
con su acidez algente.


No eres ahora como
cuando anhelaba yo poseerte,
y en todas partes te veía…
sin tu presencia muchas veces;
cuando me embebecía en tus encantos
como los cisnes en el agua verde:
los de Luis de Baviera, el taciturno
rey de reyes,
y el de Leda, divino, desmayándose
entre la linfa diáfana y el césped.


¡Cómo te imaginaba yo; cómo te urdía
mujer y diosa: Magdalena y Ceres;
bacante en los espasmos,
canéfora en el éxtasis!


Las golondrinas del ensueño,
las golondrinas que amó Bécquer,
han sido estranguladas por el gato
de Baudelaire, por el felino aleve,
y por el cuervo doctoral de Poe:
“Never more”, jamás, horror perenne.
Mi alma se diluye
en la bruma de ajenjo del ambiente,
en el verdor amargo, glauca nébula
de morbidez que nos envuelve.


Alucinante Salomé, trompo de coágulos,
En mi cerebro gira el hada verde.


Miro las cosas cual fueran
biliosamente verdes
como las pesadillas,
como la muerte.
Todas las cosas vistas y soñadas
son verdes, verdes, verdes, verdes:
colibríes, cantáridas, relámpagos,
profundas noches verdes,
ojos de los jaguares y las víboras
bajo los árboles silvestres,
verdosas facies de los perseguidos
por el delirium trémens,
cadáveres lamidos por las algas
de la penumbra verde,
esqueletos con musgo, fuegos fatuos,
larvas de pesadilla, blandos vermes,
viejos estanques con nenúfares
tumbas rodeadas por cipreses,
cobriza herrumbre de los cofres
en las basílicas solemnes,
sombras que tiemblan con verdor de azufre,
fantasmas lívidos que encienden
amarillentos cirios
de tenebrario… ¡Miserere!

Me hundo como un naúfrago
en el vórtice verde:
tirabuzón de cefalalgia,
venas de raudo palpitar de fiebre.


No quiero que me veas,
ni quiero verde,
mujer de menta helada,
fascinador abismo verde.




DEL LIBRO SUCRE



NOSTALGIA



Hoy tengo, Sucre, al recordarte,
tal sensación de paz,
que están mis ojos titilando
como si fuesen a llorar.

Oigo otra vez bajo tu cielo
de una sutil diafanidad,
lejanas voces que repiten:
“¡Pan de Yotala!” “¡Pan del romeral”!,
y embelesado aspiro aromas
de nardo y menta y arrayán.

Están mis ojos titilando
como si fuesen a llorar.

En tus auroras hay el fausto
de la huríes del edén,
diamantería de rocío
sobre las flores del vergel,
oro solar que va crispando
el oro de la mies,
y mariposas y canciones
y frescas risas de mujer.

En tus fragantes mediodías
hay tanta luz, hay tanta luz,
que el alma queda deslumbrada
por la celeste excelsitud,
y al ascender, como en un éxtasis,
hasta esa gran palpitación azul,
siente que al cuerpo en el que mora
le nacen alas de querub.

Con tus ocasos luminosos
nos das la clara sensación
de ir escalando el arcoiris
como en el sueño de Jacob.

¡Tardecita de lluvia loca,
llena de buen olor,
tardecita que iba lavándose
para secarse al sol,
fue aquella en que, embargado por la angustia,
Sucre, te dije: “¡Adiós!”.

Claridad, armonía y tibieza,
dan tus noches embrujo sensual.
hondamente sumidos
en una férvida ansiedad,
en las sombras recatan sus sombras
la dama y el galán.
almas unidas al recuerdo
de una emoción que nunca volverá,
almas entredespiertas al conjuro
de la ternura de un cantar,
siguen soñando y suspirando
por un antiguo amor quizás…

La serenata se deshoja
bajo la luna de cristal
… … … … … … … … … … …
Hoy cumples años, madre mía;
pero en horrenda lid,
vas derramando por la Patria
toda tu sangre juvenil.

Transverberada por la gloria
como el seráfico de Asís,
llevas la cruz en carne viva;
hay cinco llagas sobre ti.

Contigo sufro y seguiré sufriendo
hasta que tu martirio tenga fin.
cuanto más lejos en el tiempo y la distancia,
más cerca estás, más cerca.

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